universotlp
TIRA
 
 
 
 
 

Podríamos decir que mi trastorno es la consecuencia o la unión de muchas circunstancias de mi vida, pequeños detalles que han ido marcándome inconscientemente dando como resultado a una persona que no puede evitar sentirlo todo más allá del límite.

Ni pertenezco a la “familia tipo”, ni tampoco he tenido una infancia exageradamente dura; mis padres se separaron cuando yo tenía 6 años; fue lo mejor, ya que desde que tengo uso de razón, vivieron en continuas discusiones, en las cuales yo estaba normalmente presente. Mi padre nunca quiso a mi madre, muy al contrario que ella, que lo adoraba, aún no entiendo el porqué. Él la trataba como a una basura (verbalmente), nunca trabajaba, se pasaba el día en la cama, en el bar, etc. Su relación conmigo era totalmente distinta, yo era la niña de sus ojos y para mí era como un dios.

Tardé mucho en aceptar su separación, en la escuela no lo supieron hasta que mi madre lo dijo; durante muchos años después, yo estuve debatiéndome entre el amor de los dos... Mi madre me explicaba ya desde que él se marchó todas las cosas que él le decía y hacía, cosa que por mucho que la quiera, nunca le perdonaré, es algo que se me ha quedado dentro, yo era una niña, no tenía porque escuchar todo eso de mi padre, el tiempo ya lo pondría en su lugar si así tenía que ser. Con mi padre las cosas eran un sube y baja continuo... algunos días era la niña más feliz del mundo y otros, me hacía sentir la niña más miserable del universo... ya que él es todo menos estable y todo eso influía en mí.

Durante mi infancia, cambié de escuela tres veces, no por mí, si no por el trabajo de mi madre... la última etapa de mis estudios primarios la recuerdo como de las peores de mi vida... fui la ‘rara’ de la clase, ya que era la más pobre, la que no hablaba bien el idioma, la nueva... yo sufrí lo que ahora llaman “bullying”, en esa época aún no tenía nombre, desgraciadamente... cosas como llevar golosinas a las niñas para que se juntaran conmigo, aguantar que me “ducharan” cuando estaba bebiendo agua en la fuente, que se rieran de mí y de mi acento, de mi pelo, etc. etc. etc. Poco a poco me fui integrando... pero eso fue a costa de cambiar mi personalidad y de buscar a otro chivo expiatorio.

Más o menos así fue mi infancia, lo único que me gustaba era leer, leer y leer, me adentraba en un mundo desconocido, que sólo era mío, que me hacía desaparecer, evadirme de todo lo que me rodeaba... los niños que me odiaban, mi padre y sus cambios de humor, mi madre y sus depresiones... cuando leía todo eso no existía. Creo que ha sido gracias a mi imaginación que conseguí superar todos los miedos y la tristeza que tenía dentro, ya que siempre, siempre he llevado como una máscara, para todos he sido la niña feliz que siempre sonríe.

Ya en la adolescencia fui forjándome una identidad (o eso creía yo), empecé a salir, a tener “amigos”... pero ahí también empezó a salir mi parte compulsiva... DROGAS Y AMOR.

Son mis dos monstruos... los que hacen que salga la peor parte de mí... con 18 años empecé a tomar pastillas de éxtasis, como cualquier adolescente, una por probar, etc. y acabé tomándome 5 ó 6 cada noche, sólo salía para drogarme. Por suerte lo dejé al cabo de unos meses porque vi que eso no me llevaba a nada, que me estaba haciendo polvo.

Pero ya más adelante empecé con la cocaína y ahí sí que me perdí... no he llegado a ser adicta, porque tuve la suerte de justo cuando peor lo llevaba descubrir que tenía el trastorno límite de personalidad y empezar la terapia...

En los borderlines, o, al menos, en los que somos impulsivos, lo que nos pasa con las drogas es muy complicado de entender... somos totalmente destructivos y siempre necesitamos más, más y más... ¿cuándo llega el momento de parar? Eso nunca se sabe... no tenemos límite. No sabemos decir basta. No hablo de decir ya nunca más me drogo... me refiero a que cuando estás de fiesta y ya todo el mundo se va a casa, tú, por mucho que quieras, no puedes, necesitas seguir, necesitas que esa noche no acabe nunca, aunque sepas que eso no te lleva a nada, porque lo peor de todo es que lo sabes, sabes que lo único que consigues es fastidiarlo todo...

Lo fastidias todo porque tú quieres más y quieres que los demás sigan contigo, pero los demás al final se cansan y te dicen: basta! y entonces es cuando puede llegar la parte más agresiva, manipuladora e impulsiva de tu trastorno... es cuando vienen los ataques de ansiedad, las crisis, etc. etc. Todo esto es tanto para las drogas como para el amor...

En las relaciones amorosas también siempre he necesitado más... pero desgraciadamente nunca he sabido cómo pedir amor, nunca he sabido cómo amar... Cuando lo que estaba pidiendo era amor a gritos en lugar de decir: “ven, te necesito”, lo que hacía era buscar excusas para echar a las personas que quería de mi vida...

Ves que estás perdiendo a la persona que más quieres, pero no haces nada por evitarlo, sólo aumentas la rabia, tu cabeza te dice una cosa pero tu corazón hace otra, demuestras totalmente otra... y no sabes cómo parar... no sabes cómo dejar de insultarle, de mirarle mal, de desconfiar de él... no sabes cómo hacerlo y tienes claro que lo perderás, pero ya no hay marcha atrás...

Con todo esto, quiero decir que si tenéis un trastorno límite de personalidad no lo ocultéis, no os sintáis unos bichos raros y sobre todo, buscad ayuda... porque ocultándolo lo único que se consigue es que la gente piense exactamente eso, que se nos va la cabeza, que somos inmaduros... Y lo que sucede es que tú eres una persona y el trastorno te hace actuar de una manera totalmente distinta a como en realidad eres.

Yo he perdido a muchas personas por culpa de no saber que tenía un trastorno, si hubiera sabido el porqué de mis acciones, si hubiese podido parar a tiempo, hoy mi vida sería totalmente diferente...

Desde que hago terapia mi vida ha cambiado totalmente, me han enseñado que se puede ser feliz sin vivir siempre al 200 %, he aprendido a frenar antes de perderlo todo, las cosas que antes me hacían morirme de dolor o de rabia, que me hacían autodestruirme, ahora sólo me duelen, como a cualquier otra persona.

SE PUEDE SEGUIR ADELANTE. SE PUEDE VENCER EL TRASTORNO.

 

LiLi

 

Opinar     Leer opiniones (1)

 

Si quieres contribuir y publicar tu testimonio pulsa aquí.

 

A-L / M-Z