A la anorexia y la bulimia se han sumado nuevos y sofisticados trastornos alimentarios: ortorexia, síndrome del gourmet, diabulimia... Para curarlos es necesaria la terapia combinada entre nutricionista y psicólogo.
El síndrome del comedor nocturno
Otro de los nuevos trastornos de la conducta alimentaria es el NES (Night Eating Síndrome), descrito por Stunkard en 1995 tras observar en pacientes obesos una inapetencia diurna que por la noche les convertía en comedores repetitivos e insomnes.
También observó una relación entre el síndrome y los períodos de tensión o alarma de los pacientes: si ésta disminuía había una reducción de la ingesta nocturna.
El comedor nocturno se levanta en mitad de la noche y acude a la nevera para comer compulsivamente.
Tanto al comedor nocturno como al comedor por atracones se les asocia con la bulimia y la obesidad, mientras que al comedor selectivo se le relaciona con la anorexia.
Quienes lo sufren -entre un 1% y un 3% de la población- se levantan a comer por la noche aunque continúan dormidos.
No son conscientes de lo que hacen y no recuerdan nada al despertar. Si les cuentan lo que han hecho lo niegan rotundamente. A menudo, hacen régimen durante el día.
También se da en alcohólicos, drogadictos y personas con problemas de sueño. Suelen tratarse en unidades de trastornos del sueño.
Este trastorno se caracteriza por la presencia de modificaciones en relación con la ingesta alimentaria, teniendo en común la alteración del comportamiento, lo que marca el carácter psiquiátrico de la enfermedad.
Diabulimia: diabetes + anorexia
Aunque parezca mentira, quienes padecen diabulima aprovechan que son diabéticos para adelgazar. Se trata de una peligrosa patología en la que se mezclan la diabetes tipo I y los trastornos alimenticios.
Las personas, sobre todo mujeres, que sufren este tipo de diabetes deben llevar un riguroso control de su alimentación, lo que puede dar lugar a obsesiones y desórdenes alimenticios.
Incluso el ejercicio, tan saludable para los diabéticos, puede convertirse en un arma de doble filo al realizarse de forma compulsiva para adelgazar.
Los especialistas han descubierto que muchas chicas diabéticas utilizan una forma muy peligrosa de perder peso: saltarse las inyecciones de insulina.
Sin insulina en sangre el cuerpo no puede utilizar los alimentos ingeridos como fuente de energía y la mayoría de las calorías se pierden. Pero lo que conlleva esta nefasta medida es que el organismo utilice las reservas de grasa a un precio muy alto, ya que esto se traduce en pérdida de masa muscular y ósea, y en desnutrición.
Disparando su nivel de glucosa en sangre ya no es necesario vomitar, tomar laxantes o comer poco.
Pero saltarse las inyecciones de insulinas puede tener consecuencias terribles, desde la ceguera al fallo renal, el coma diabético o la amputación de miembros.
A corto plazo, los efectos también son desagradables para quienes padecen este trastorno: con la glucosa alta aumentan las ganas de hacer pis y es necesario tomar muchos líquidos.
Síndrome del comedor selectivo
La doctora inglesa Dacha Nicholls, experta en trastornos alimenticios, fue la primera en definir este trastorno, que se conoce desde hace menos de diez años.
Según Nicholls “llamamos comedor selectivo a aquel individuo que se nutre, exclusivamente, de menos de diez alimentos durante un mínimo de diez años”.
Generalmente está asociado a otros trastornos alimenticios y es una enfermedad tan seria como la anorexia o la bulimia, de la que ya se han registrado numerosos casos en España.
Las adicciones a determinados alimentos pueden presentarse a cualquier edad -aunque suelen aparecer en la niñez- y muchas veces son resultado de problemas psicológicos, carencias afectivas, traumas o causas emocionales.
La selectividad alimentaria también está relacionada con los trastornos obsesivos de la personalidad, como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC).
También existen los comedores selectivos que dejan de lado ciertos alimentos por sus calorías, conservantes o ciertas sustancias.
Psicológicamente, las adicciones a la comida presentan casi los mismos síntomas que las del alcohol o el tabaco, pero físicamente son menos fuertes.
En el origen de esta adicción existe incluso una base científica, ya que algunos alimentos, sobre todo carbohidratos (pasta, dulces...), estimulan la secreción de serotonina y mejoran nuestro estado de ánimo.
De ahí que mucha gente acuda al chocolate, los dulces o el café cuando siente ansiedad o está triste.
Este síndrome es difícil de detectar y reconocer. Los adultos no suelen ser conscientes de su problema y acuden a las consultas médicas por otros motivos: cansancio, desajustes metabólicos, problemas de piel, desmayos...
Y es que los comedores selectivos suelen presentar carencias de vitaminas, minerales y otros nutrientes.
Ortorexia: obsesión por comer sano
La ortorexia se define como la obsesión patológica por la comida sana. Mientras la anorexia y la bulimia son trastornos que giran en torno a la cantidad de comida, en la ortorexia lo que importa es la calidad.
El ‘padre’ de este término es el médico norteamericano Steve Bratman, quien lo empleó para diagnosticarse a sí mismo el trastorno que sufría.
Igual que en la anorexia o la bulimia, la comida domina la vida de quien padece ortorexia.
El ortoréxico come, pero controla absolutamente todo lo que pasará a formar parte de su cuerpo: ingredientes, aditivos, calorías, elaboración y formas de cocción de los alimentos.
Todo tiene que ser natural y "sano", lo que supone grandes restricciones y sacrificios. Para un ortoréxico comerse una hamburguesa o un simple bocadillo puede ser un auténtico drama.
El perfil del ortoréxico es el de una persona obsesivo-compulsiva, rígida, estricta y muy exigente consigo misma.
La mayoría de quienes padecen este trastorno son mujeres. Son los mayores consumidores de productos dietéticos, biológicos, integrales, sin grasas y los restaurantes vegetarianos, japoneses o macrobióticos suelen ser sus preferidos.
Un ortoréxico lleva tan a rajatabla su dieta que comer con otras personas o fuera de su casa puede convertirse en un gran problema.
Las mujeres que sufren ortorexia, igual que a las anoréxicas, están muy delgadas, casi demacradas por el déficit calórico, pierden la menstruación, se les estropea el cabello, pueden sufrir anemia, desnutrición, problemas renales, osteoporosis, depresión, enfermedades psicológicas y aislamiento social.
Síndrome del gourmet
Los que lo padecen viven pendientes de la preparación, compra, presentación e ingestión de platos exquisitos. Suelen perder interés por sus relacione sociales, familiares y laborales.
Se cree que es consecuencia de daños en el hemisferio derecho del cerebro: tumor, golpe, hemiplegia.
No suelen estar demasiado gordos ni les preocupa su obsesión. El tratamiento pasa por el neurólogo y el psiquiatra.
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