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He sido la mayor de tres hermanos y la única mujer. He pasado gran parte de mi vida castigada por traviesa, por hacer dibujos inapropiados, por habladora, por inquieta... Incluso he pasado gran parte de mi adolescencia castigada por haber sido víctima de abusos (sin poder salir a la calle por este motivo), he sido reprimida, aislada y maltratada más adelante por mi primera pareja. A los 17 años padecí anorexia que no superé, sino que me acompañó hasta que desarrollé una bulimia devastadora con 20 y 21 años (mis padres jamás se dieron cuenta...). Mi hermano mediano padecía depresiones y siempre había estado enfermo. En el colegio y ya más adelante era una chica popular, simpática y solícita, pero yo no sentía encajar con nadie, no sentía encontrar personas realmente afines a mí que pudieran comprenderme, yo me sentía muy lejos, muy torpe, sentía un vacío y una inadecuación muy angustiosas. Los profesores me tenían manía, era de esos niños que ni atienden ni se esfuerzan demasiado pero después aprueban y ellos sólo manifestaban deseos de castigarme y de echarme en cara que era una vaga, que estaba desperdiciando mi inteligencia, que no era justo para los demás que yo me esforzase tan poco; no sabían que yo sólo tenía miedo, el estudiar me daba miedo y el ir sin estudiar también me daba miedo... No era capaz de cambiar esta rutina y la culpabilidad me perseguía constantemente. En la Universidad mi hipersensibilidad me sirvió para tener muy buenas notas y la apreciación de todos mis profesores, pero igualmente recibía críticas de compañeros y aunque conseguía ser divertida, el ambiente era inseguro y hostil. Podía divertirme pero no conseguía confiar en la gente. Cuando cumplí 24 años todo empezó a ser más confuso y frenético, las fobias más impredecibles e inexplicables, los ataques de ansiedad más graves. Sufrí acoso durante los tres últimos años de carrera por parte de un compañero de clase y nadie lo comprendía, soporté amenazas en público por parte de este individuo y la gente seguía sin entenderlo. Cuando me diagnosticaron trastorno límite de personalidad después de comprobar que no era bipolar, sufrí una crisis tremenda... Acudía a terapias y tratamientos con la esperanza de que un día me dijeran que no me pasaba nada, que toda mi vida había sido una triquiñuela para llamar la atención. Cuando la doctora, con mucho mimo y ternura me explicó algunas características de lo que ella creía que era mi trastorno empecé a entenderme a mí misma. Empecé a ver que no exageraba ni inventaba, QUE YO SENTÍA ASÍ. Empecé a ser menos dura conmigo misma, pero también empecé a sentir más fríamente el dolor de la desadaptación, la crudeza de los que utilizan tu debilidad para atacarte. Apenas nadie podría creer que padezco ningún trastorno. He sacado notas brillantes en la Universidad, trabajo, escribo poesía y publico en una Gaceta creada por mí misma junto con un compañero de facultad, he interpretado obras con gran éxito de público... cuando caía el telón sólo me sentía vacía y sola... Tengo gran fuerza y carisma para llevar adelante mis proyectos y para motivar a los demás... Mi capacidad de empatía me sobrecoge y a veces me hace sentir desgraciada. Pero en el fondo me siento impotente, incapaz de gritarle al mundo lo que de verdad soy: unos días hábil y sin embargo el resto tan desvalida... María
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