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Comer hasta reventar: atracón, una enfermedad cada vez más frecuente

La epidemia de obesidad trae consigo nuevos problemas de la conducta alimentaria. Uno de ellos es el trastorno por atracón que, según una encuesta estadounidense reciente, ya es más prevalente que la anorexia y la bulimia. Sin embargo, a diferencia de éstas, sí tiene un tratamiento farmacológico que la corrige en la mayoría de casos.

Una encuesta planteada a cerca de 3.000 estadounidenses destapó una realidad que quizás pocos intuían: los atracones o ingesta compulsiva de comida hasta sentirse desagradablemente atiborrados como modo de satisfacer otras carencias emocionales son un problema mucho más prevalente de lo que se pensaba, incluso más que los dos trastornos de la conducta alimentaria por excelencia: la anorexia y la bulimia nerviosas.

Aquella encuesta, realizada por investigadores de la Universidad de Harvard y publicada en febrero de este año en la revista Biological Psychiatry, cuantificó en 0,6 por ciento la prevalencia de la anorexia en la población general; la de la bulimia redondeaba el uno por ciento, y la del trastorno por atracón (que muchos conocen por su nombre en inglés binge eating disorder o BED) alcanzaba nada menos que el 2,8 por ciento.

España no anda a la zaga de la estadística norteamericana. Según Isabel Zamarrón, de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, el trastorno por atracón "afecta a entre el 2 y el 3 por ciento de los adultos" y lo hace por igual a todo el mundo, independientemente del sexo y del peso corporal.

Pese a estos datos, el DSM-IV, la biblia diagnóstica de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, no contempla un diagnóstico definitivo del atracón como trastorno de la conducta alimentaria, como sí lo hace de la anorexia y la bulimia. "Se considera un trastorno atípico porque no cumple todos o cada uno de los criterios para ser diagnosticado de foma diferencial", según Zamarrón.

No obstante, en 1994 el DSM-IV se pronunció sobre unos criterios que le diferenciaban de la bulimia nerviosa purgativa. Para hablar propiamente de atracón se tienen que dar al menos dos de estos cinco síntomas: ingestión mucho más rápida de lo normal, comer hasta sentirse desagradablemente lleno, ingestión de grandes cantidades de comida pese a no tener hambre, comer a solas para esconder su voracidad y sentimiento de culpabilidad después del atracón y malestar al recordarlos.

Una sexta condición, considerada exagerada para algunos autores, se refería a la frecuencia con la que debían producirse los atracones para ser patológicos: dos días a la semana durante seis meses. "Cuando falta esta frecuencia se considera un síndrome parcial, pero ya existe el problema", apunta Zamarrón.

Desencadenante y terapia

El debut del trastorno por atracón suele estar desencadenado por un hecho emocional traumático. Por esto, y al igual que el resto de los trastornos de la conducta alimentaria, su abordaje es eminentemente psiquiátrico. Pero, a diferencia de las dos patologías alimentarias clásicas, que no disponen de un buen tratamiento farmacológico, el atracón sí lo tiene, reconoce Celso Arango, jefe de Sección de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón, de Madrid.

Los fármacos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) son la base del abordaje, pues inhiben la pérdida del control de impulsos que caracteriza el trastorno. Es frecuente que con el trastorno por atracón se "den de forma comórbida otras patologías impulsivas", añade Arango.

Un antiepiléptico como el topiramato, que ayuda al control de la impulsividad, y la terapia cognitivo-conductual también han demostrado utilidad. Por último, la nutrición tiene una parte didáctica: la de reeducar los hábitos alimenticios de la persona. Con todas estas armas, los resultados son alentadores: el 80 por ciento de los casos se suelen curar.

La delgada línea con la bulimia

Desde 1994 la Asociación Americana de Psiquiatría incluye en el DSM-IV, el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, el trastorno por atracón, como entidad distinta de la bulimina nerviosa purgativa. La diferencia principal con ésta es que los enfermos de trastorno por atracón no utilizan ninguna estrategia compensadora (vómitos, laxantes, ejercicio) para purgarse tras haberse atiborrado.

Pero hay más diferencias. Si en la bulimia es el querer hacer dieta, y la privación de comida que ello conlleva lo que desemboca en comer sin freno, en el trastorno por atracón no hay deseo de pérdida de peso, sino que son motivos emocionales los que llevan a buscar en la comida las satisfacciones que en la vida diaria no se encuentran. "Aunque tras los atracones muchos enfermos empiezan a querer hacer dieta", comenta Isabel Zamarrón. Otro punto que las distingue es la distribución por sexos: si la bulimia afecta mayoritariamente a féminas, el trastorno por atracón se presenta por igual en hombres y mujeres. Y entre las bulímicas es más raro encontrar afectadas con índice de masa corporal alto, pero el trastorno por atracón es independiente del peso de la persona, aunque es más frecuente en personas obesas. La imagen corporal les preocupa menos que en la bulimia y suelen acumular varios intentos infructuosos de dietas para perder peso.

 

Fecha: 1-8-2007
Fuente: DIARIO MÉDICO

 

 

 

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