El TLP es uno de los más frecuentes entre los desórdenes de la personalidad.
Es un desorden psiquiátrico crónico caracterizado por una impulsividad marcada, inestabilidad emocional y serios conflictos en las relaciones interpersonales. En ocasiones, suele acompañarse de problemas con el abuso de sustancias, conductas autolesivas e intentos recurrentes de suicidio.
Desde el punto de vista de la corriente psicoanalítica freudiana, se debe a una no resolución del llamado complejo de Edipo; y en su variante lacaniana, a la no introducción de la Ley del Padre. Para la Teoría sistémica sería la resultante de las disfunciones relacionales y vinculares en el sistema familiar siendo la organización, los roles y funciones, los límites y la estructura del sistema, los que determinarían la enfermedad. Según la Teoría cognitiva, una estructuración cognitiva distorsionada de la realidad estaría en las bases de la sintomatología”, explica, y afirma que “la persona nace con predisposiciones; el medio puede facilitar, habilitar, disparar o precipitar el padecer”.
Muchas veces se estigmatiza y culpabiliza a estos pacientes por sus características difíciles de tolerar en lo interpersonal. Se los prejuzga por caprichosos, manipuladores, mentirosos, aunque muchos de estos rasgos pueden formar parte del cuadro. Es preciso entender que son víctimas de procesos que los superan y que se les tiene que ayudar a remediar y controlar.
Así podría describirse la situación en que se encuentran los “border” aún no diagnosticados: en la frontera que divide la tranquilidad de la confusión; en un ida y vuelta del amor al odio por su entorno y por sí mismos. Los episodios pueden ser de mayor o menor intensidad, según el caso; pero siempre implican una excentricidad o irregularidad respecto de la cotidianidad.
La internación, en ocasiones, es necesaria cuando los síntomas conllevan peligro para sí o para terceros; tras un intento de suicidio, sobreingesta de fármacos u otras sustancias, excesos con el alcohol o de alimentación. Es siempre un recurso paliativo y temporal.
El concepto de curación en el TLP hace referencia a conseguir una disminución de la intensidad de los síntomas y de la interferencia que pueden tener en las diversas áreas de la vida, llegando a conseguir una mayor estabilidad y autonomía.
El tratamiento, que puede ser muy complejo por lo caótico del trastorno, dura un largo período de tiempo en el que no faltan las reconsultas y recaídas. La impulsividad y la inestabilidad emocional conllevan interrupciones del tratamiento, peleas familiares, ausencias, discusiones con los profesionales como parte de los malentendidos, típicos de la disfunción interpersonal de este trastorno. Se observan, asimismo, conductas de apego excesivo y dependencia de los profesionales y luego reacciones de rechazo o sentimientos de abandono cuando el terapeuta no se comporta según lo esperado.
Estar al lado de un “border” no es tarea sencilla. Asimismo, amigos y familiares padecen, en carne propia, las consecuencias de su inestabilidad. Suelen ser receptores de un tremendo desgaste. Necesitan ayuda terapéutica a través de la psico-educación; sobre todo para entender por qué los pacientes actúan como actúan. De todos modos, para ellos queda una esperanza: bajo tratamiento, las perspectivas, son alentadoras.
Hay algo en lo que acuerdan los especialistas: conocer el trastorno e informarse acerca de cómo enfrentarlo, o acompañar a hacerlo, es clave. Así se logra el tan ansiado equilibrio. |