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Como consecuencia del ritmo de vida profesional y social se observa un incremento de los trastornos del sueño

La unidad de trastornos del sueño del Hospital Clínic de Barcelona acumula una espera de casi dos años. La demanda es superior en un 40% a la de hace cinco años y sigue creciendo. El Clínic y el Hospital de Vall d'Hebron son los únicos centros catalanes que atienden las alteraciones del sueño, entendidas como los daños colaterales de una organización social que ha trascendido los ciclos naturales de la luz. Las empresas establecen turnos laborales de día y noche sin que su actividad lo justifique y las televisiones emiten de madrugada la programación más divertida. El 20% de la población activa española cambia cíclicamente de turno laboral y sufre frecuentes trastornos a la hora de dormir.

Determinar por qué el paciente no descansa al ir a la cama exige comprobar, con la máxima aproximación posible a la realidad, cómo es el sueño de quien relata que no duerme jamás o de qué forma descansa quien está preocupado porque se queda dormido mientras trabaja, o conduciendo un vehículo, o incluso disertando en voz alta y frente a un auditorio en una conferencia de carácter profesional.

El insomnio es el trastorno más extendido, aunque no el que origina más demanda de ayuda médica. El insomne siempre relata que no duerme, algo que en realidad solo sucede a "dos o tres personas" de las que son visitadas en el Clínic cada año, asegura el neurólogo Joan Santamaría, coordinador de la unidad.

La mayoría de las personas que acceden a las pruebas del sueño duermen a ratos y, en total, lo hacen tres o cuatro horas cada noche. "Es una cantidad insuficiente y que deja secuelas, pero que a los afectados no les gusta reconocer porque tienen la sensación de que no han dormido ni un minuto", dice Santamaría.

En el otro extremo están los hipersomnes o afectados por somnolencia diurna persistente. Observando su dormir, se descubre que muchos están adormecidos durante el día porque su sueño nocturno sufre constantes fragmentaciones e interrupciones que impiden el descanso verdadero.

No dormir lo suficiente tiene unas consecuencias fisiológicas de gran importancia. "De hecho, sin dormir no se puede vivir, asegura la neurofisióloga Odile Romero, coordinadora del servicio de trastornos del sueño en el Vall d'Hebron. La privación continuada del sueño impide mantener la vida mucho antes que el acto de dejar de comer". No dormir conduce a un estado de "estupor", explica, que impide coordinar todas las órdenes que el cerebro emite al resto del organismo.

 

Fecha: 8-8-2007
Fuente: EL PERIÓDICO

 

 

 

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