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Yo tengo 29 años, casi 30 y es a esta edad y en esta etapa de mi vida cuando más he resentido el ataque se tener el trastorno límite de la personalidad. No se porque y que ha pasado, pero antes me consideraba más normal, más funcional y si bien no completamente feliz, llevaba la vida de una manera más tolerable. Tal vez quiero pensar que lo tenía todo guardado, que no me había tenido que enfrentar a la vida como lo he tenido que hacer ahora, creo que nunca había estado tan solo como lo estoy ahora. Ahora mi mundo se mueve en ambivalencias, en cambios, en emociones a veces intolerables, imposibles de sobrellevar. ¿Cómo es que pienso? ¿Qué pasa adentro de mi cabeza?, no soy un loco, ni un neurótico, ni un esquizofrénico, no estoy al límite de nada, algo, no en mi cabeza, si no en mi personalidad, en mi yo más profundo, está mal, incompleto, roto, es un círculo abierto. Digo que es mi personalidad y no mi cabeza lo que está mal, porque fuera de eso puedo pensar bastante bien, como lo haría cualquier otra persona, puedo resolver problemas, aprender, leer, entender todo igual que cualquier persona, mi inteligencia está intacta e incluso sobresale de la de los demás. Tanto puedo hacer las cosas como los demás, que puedo tener un trabajo exigente, tomar decisiones, resolver problemas complicados y ser muy creativo en las cosas que hago, puedo conversar contigo de cualquier cosa, parecerte completamente normal y agradable, incluso terminé una carrera y hasta donde me deja lo que me pasa, llevo una vida independiente. Sé, por increíble que parezca, que puedo llevar una vida casi normal y funcional, que tengo un trabajo, que me puedo desenvolver bien ahí, hacer las cosas bien y lograr mucho, pero no lo puedo ver, de alguna manera, lo que yo soy no lo detecto, no lo percibo, y es que mi manera de ver el mundo está exteriorizada, abierta, con una fuga, y es mi ambiente, en lo que yo vivo, lo que marca lo que por dentro siento y pienso. Mi vida es una ambivalencia, una contradicción, un ir y venir entre ideas opuestas y extremas, es un continuo viaje entre el amor y el odio, entre lo bueno y lo malo, entre el blanco y el negro, es tener la sensación en la cabeza de no tener nada fijo, que todo se mueve, es la sensación de no poder confiar ni en lo que se piensa, se siente o se vive. Es mi personalidad rota, la que está mal, no es mi cuerpo, ni mi cerebro, ni el mundo, ni la vida, es mi “yo”, mis percepciones, la manera en que filtro cada cosa, cada momento, cada persona, cada expectativa y deseo. Entender lo que pasa aquí adentro, requiere de palabras, de argumentos y de cosas que no existen en el idioma de los hombres, solo puedo explicar los efectos, las consecuencias, mis sensaciones y pensamientos. Vivo en el miedo, en la ansiedad, en el miedo de un día volverme loco, con la ansiedad de no sobrevivir a esto, vivo con un miedo terrible a que los demás me lastimen. En mi mundo hay miles de amenazas, no estoy paranoico, es que en realidad soy muy frágil, tan frágil que el menor comentario puede hacerme pedazos. Y no porque yo sea débil, si no porque mi personalidad es tan voluble, inconsistente e inestable que depende terriblemente de los demás para encontrar un piso, una referencia de donde colgarse. Es esa fragilidad la que me hace estar tan alerta de todo, de analizar todo, cuando estoy con alguien detecto hasta lo impensable, estoy al tanto de las entrelíneas, los gestos, la voz, cada cosa, cada comentario que pudiera entrever un peligro, peligro que sé, muchas veces, es inexistente y, otras, exagerado. Vivo con miedo, con un miedo terrible a la soledad, a no encontrarme, a perderme en el vacío, a perder lo que soy, aunque lo desconozca. También vivo con miedo de los demás y aunque los necesito, su cercanía, su influencia, muchas veces se me hace intolerable, insoportable, todo se vuelve una continua amenaza. Vivo con ese miedo, porque aprendí a tenerlo desde hace mucho tiempo, en capítulos de mi vida que ya no quiero recordar, vivo con miedo de la gente, porque hace algún tiempo, la gente me dejó un daño indeleble cuando no debía. Hoy ha pasado el tiempo, soy un adulto, con una vida por delante, pero las cicatrices no cierran, lo que soy no se completa y los miedos no se van, me quedan los impulsos, las defensas y esas maneras poco ortodoxas de hacerle frente a la vida. Presa de una sensibilidad inmensa, donde todo me perturba, brota la máscara de una persona que tiene que salir a la calle con la frente en alto, buscando cubrir de alguna manera el fuego que quema por dentro. Salir a la calle y decir este soy yo, requiere de otro extremo, de otra ambivalencia, me precisa de invalidar al mundo por completo, de anularlo, de quitarle razón y sentido. Así, solo así, hay un poco más de seguridad en cada paso que doy, las amenazan se atenúan y me siento más seguro. Y así del miedo, a la necesidad de agresión, no por maldad, sino por defensa, de estar bien, de estar mal, de reír, de llorar, mi vida trascurre, se va, sin saber muchas veces lo que está pasando, impotente, a veces miro como mi psique se despedaza, se fragmenta en ideas contrapuestas, que llegan a trascurrir en el mismo momento, a fusionarse y volverse un absurdo, absurdo donde ya todo parece irreal, lejano, difuso. Pero es la rapidez de los cambios, esos cambios, bruscos, repentinos, violentos, lo peor en mi trastorno, quisiera aferrarme a cada idea y a cada sueño al menos por unas semanas, saberme en cada día que soy yo y ese yo no ha cambiado, pero no, todo pasa en el trascurso de las horas, de un minuto a otro, sin cesar, sin parar, sin dar tregua, en un solo día trascurre una vida. Lo demás ya lo saben, depresión, ansiedad, ira incontrolada, vacío, disforia, autolesiones, risa desesperada, excentricidad, impulsividad, euforia, son comunes en mí como en todos los afectados por este trastorno, pero el problema no es ese, aunque es lo que todo mundo alcanza a ver, el problema es esa psique rota, es simplemente incomprensible. Sigo en terapia, con la esperanza de pegar los pedazos, de unir todo en una sola cosa y aunque me quede lo sensible, poder decir bien y sin mentir, este soy yo.
Kike
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